Crónicas del archivo · C7
«Cuando volaron la Cámara Santa»
... y la levantaron de nuevo.
Algunos archivos no guardan sólo papeles: guardan explosiones.
En octubre de 1934, en plena revolución de Asturias, un grupo de insurrectos colocó explosivos en la catedral de Oviedo. El objetivo simbólico era claro: la Cámara Santa, ese pequeño “cofre” prerrománico donde se custodiaban el Santo Sudario, la Cruz de los Ángeles, la Cruz de la Victoria y otras reliquias de la Sancta Ovetensis.
La carga hizo su trabajo.
La Cámara Santa saltó en pedazos; una panda del claustro también se vino abajo. El apostolado románico quedó destrozado, los muros abiertos, las reliquias esparcidas entre cascotes y polvo. Durante años, las fotos “antes de la voladura de 1934” serían casi un género en sí mismo en los archivos de arte asturiano.
Lo que hoy vemos como un espacio compacto y solemne fue, durante un tiempo, un pequeño infierno de piedra.
1. Antes de la explosión: una caja prerrománica llena de historia
Tradicionalmente se pensó que la Cámara Santa era obra de Alfonso II (791–842), como capilla palatina ligada a la corte de Oviedo. Buena parte de los estudios más recientes matizan esa idea y sitúan su construcción efectiva ya en época de Alfonso III (866–910), el último rey asturiano, al menos en lo que respecta a la cripta de Santa Leocadia y el núcleo arquitectónico original.
Algunos puntos clave de su historia larga, antes de 1934:
- Se levanta adosada a la torre de San Miguel, con función martirial y funeraria de arranque, más que como “sala de tesoros”: primero espacio de culto y memoria, luego relicario mayor.
- Tiene dos pisos sin comunicación interna:
- Cripta de Santa Leocadia, abajo, con laudas funerarias.
- Capilla de San Miguel, arriba, donde acabará reuniéndose el tesoro de la Sancta Ovetensis: Santo Sudario, cruces regias, arquetas…
- En la nave alta, a finales del siglo XII, se construye la bóveda de cañón con fajones apoyados en pares de columnas, y sobre sus fustes se talla el famoso apostolado románico atribuido al llamado Maestro de Oviedo: doce apóstoles por parejas, en plena conversación de piedra.
Es decir: siglo IX–X de fábrica, siglo XII de escultura, siglos de veneración.
Y luego, 1934.
2. Octubre de 1934: explosión, ruinas y rescate a pulso
La voladura no fue un accidente ni un error de cálculo: fue un acto deliberado dentro de un levantamiento político y social extremadamente tenso.
El resultado:
- Bóvedas derrumbadas.
- Buena parte de los muros abiertos.
- Apóstoles decapitados, torsos partidos, fragmentos esparcidos por el suelo.
- Arquetas, cruces y reliquias arrancadas violentamente de su lugar.
Ahí empieza la “otra” crónica, menos citada en las guías turísticas: la de quienes se metieron —literal y figuradamente— en los escombros.
Arquitectos y especialistas en historia del arte, entre ellos figuras como Luis Menéndez Pidal y Manuel Gómez-Moreno, participan en las primeras labores de desescombro y recuperación de piezas, reliquias y joyas. No era sólo recoger trozos: era intentar identificar qué pertenecía a qué, qué se podía salvar, qué era irrecuperable, y documentar el desastre antes de que también se perdiera su memoria.
En paralelo, se van acumulando fotografías, croquis, informes: una arqueología del desastre que, décadas después, será la base para reconstruir sin inventarse una Cámara Santa “nueva”.
3. 1939–1942: Menéndez Pidal, Hevia y la “Cámara Santa reconstruida”
Terminada la Guerra Civil, el cabildo decide reconstruir la Cámara Santa. Encarga el proyecto al arquitecto Luis Menéndez Pidal (sobrino del filólogo Ramón) y al escultor ovetense Víctor Hevia Granda.
Entre 1939 y 1942 se lleva a cabo una operación compleja:
- Rehacer la estructura arquitectónica prerrománica y románica, respetando en lo posible las formas originales conocidas por documentación gráfica previa: fotografías antiguas, dibujos, descripciones.
- Integrar los restos del apostolado románico:
- Donde había fragmentos identificables, se recomponen.
- Donde no los hay, se completan volúmenes con criterio conservador pero legible, de manera que el visitante pueda distinguir lo genuino de lo reconstruido.
- Devolver al espacio su función de relicario mayor de la Sancta Ovetensis:
- El Santo Sudario.
- La Cruz de los Ángeles.
- La Cruz de la Victoria.
- La Caja de las Ágatas y otras piezas del tesoro regia y catedralicio.
Lo que hoy ves, cuando subes a la Cámara Santa y recorres con la vista las columnas con los apóstoles, es una mezcla de:
- Piedra románica original superviviente.
- Reconstrucciones de posguerra, ejecutadas con enorme oficio pero hijas de su tiempo.
- Intervenciones de restauración recientes (a comienzos del siglo XXI) que han limpiado ennegrecimientos, consolidado la piedra y dejado como “testigos” mínimos algunos restos de tizne y fractura como memoria visible de 1934.
Dicho mal y pronto: estás dentro de un palimpsesto de piedra.
4. Lo que se perdió… y lo que se ganó
Perder, se perdió mucho:
- Fragmentos irrecuperables de escultura románica.
- Parte de los acabados originales de pavimentos y bóvedas.
- Un “continuum” material que habría hecho las delicias de cualquier historiador del arte: ver la Cámara Santa casi intacta desde el siglo XII hasta el XX.
Pero también se ganó algo, paradójicamente:
- Una conciencia brutal de vulnerabilidad del patrimonio: nada es indestructible, ni siquiera un espacio sagrado de más de mil años.
- Una documentación intensa:
- Archivos fotográficos de antes y después.
- Actas de reconstrucción.
- Estudios de restauración que, décadas después, siguen alimentando investigaciones.
- Una lectura “en capas” del lugar:
- Cuando un guía te habla de 1934, no es un apunte morboso; es la línea que une el siglo IX con el XX en un solo golpe de vista.
Y, a nivel humano, se ganó la certeza de que detrás de cada piedra “reconstruida” hay horas de trabajo casi artesanal de gente que ni firmará la portada ni saldrá en las fotos de turistas.
5. ¿Por qué debería importarle esto a un peregrino?
Porque cambia la forma en que miras.
La próxima vez que entres en la Cámara Santa (quizá haciendo cola, quizá apretado entre grupos), puedes llevar en la cabeza estas ideas:
- No estás sólo ante “arte antiguo”: estás dentro de un lugar que fue literalmente destruido y vuelto a armar.
- Lo que ves hoy es fruto de decisiones:
- Qué pegamos, qué dejamos roto.
- Qué limpiamos, qué ennegrecido conservamos como cicatriz.
- La Sancta Ovetensis que veneras no es un relicario “intocable” desde el siglo IX, sino un organismo vivo que ha sufrido guerras, robos y debates de restauración.
Y hay una lectura más fina, muy útil si escribes, dibujas o simplemente piensas:
- En 1934 se intentó borrar un símbolo.
- En 1942, ese símbolo estaba de pie de nuevo, con grietas visibles.
Si caminas hacia Santiago pensando en piedras que se caen y se levantan, la Cámara Santa deja de ser “una sala bonita con cosas doradas” y se convierte en lo que realmente es:
Un resumen comprimido de que la historia del Camino no es sólo espiritual; también está hecha de pólvora, polvo, informes técnicos, arquitectos, restauradores, decisiones políticas… y gente que, en vez de decir “ya no hay nada que hacer”, se arremangó y empezó a recomponer apóstoles a base de fragmentos.
Y eso, para cualquiera que se sienta un poco peregrino en algo, siempre suma.
