Diccionario del peregrino inquieto · D13 

«Qué es el botafumeiro»

... más allá de "eso que echa humo y se mueve mucho".

Imagina que entras en la misa del peregrino, el órgano calla un momento, unas personas con túnicas color vino se acercan al centro, cuelgan un incensario de metal del tamaño de un niño de ocho años y, de repente, aquello empieza a volar por la nave como si la gravedad fuera opcional.

Tu cerebro dice: “es peligroso”.
Tu corazón dice: “es precioso”.
Y alguien a tu lado susurra: “Eso es el botafumeiro”.

Vamos a ponerle orden al mito.

 

1. Qué es exactamente el botafumeiro

Definición corta y honesta:

El botafumeiro es un enorme incensario de la catedral de Santiago que se balancea por el crucero en algunas celebraciones, impulsado a mano por un equipo llamado tiraboleiros.

Datos básicos para situarte: 

  • El modelo actual es de 1851, obra del platero José Losada.
  • Mide alrededor de 1,6 metros de altura.
  • Pesa unos 62 kg vacío, y bastante más cuando va cargado de carbón e incienso.
  • Está hecho de latón bañado en plata.
  • Se cuelga de una gran polea situada en el cimborrio, en el cruce de las naves, y describe un arco de unos 65 metros de recorrido, con ángulos que rozan los 82º.
  • En el punto más bajo del péndulo puede superar los 65–70 km/h.

Y no siempre ha sido el mismo: antes hubo otro botafumeiro de plata, documentado en el siglo XVI, que fue robado por las tropas napoleónicas en 1809; el de Losada se hizo para sustituirlo. 

El nombre viene de algo muy simple y muy gallego: “botar fume”, echar humo. Nada de nombres rimbombantes: es, literalmente, el cacharro que echa muchísimo humo.

 

2. Para qué servía originalmente

(spoiler: no sólo para el olor)

La frase estándar es:

“El botafumeiro era para tapar el olor de los peregrinos.”

Y, como casi todo lo que se repite mucho, tiene parte de verdad y parte de tópico cómodo.

Funciones históricas principales: 

  1. Función litúrgica
    • El incienso es un símbolo muy antiguo en la liturgia: la oración que sube, la purificación, la solemnidad.
    • En Compostela, un incensario gigante subraya la importancia del lugar: no estamos en una parroquia cualquiera, sino en el gran santuario jacobeo, sobre la tumba de un apóstol.
  2. Función “higiénico-práctica”
    • Durante siglos, la catedral ha recibido multitudes de peregrinos sudados, mojados, con la misma ropa durante días.
    • Un buen cañonazo de incienso ayudaba a que el ambiente fuera más respirable. Aquí la retranca gallega asiente en silencio.
  3. Función de “espectáculo devoto”
    • En una época sin pantallas, un incensario volando casi hasta las bóvedas debía de ser una experiencia difícil de olvidar.
    • Ese impacto visual reforzaba el prestigio del lugar:
      “Yo estuve en Compostela, vi el botafumeiro y recé ante el Apóstol”.

¿Tapar olores? Sí, también. ¿Solo eso? Ni de broma.

 

3. Cómo funciona de verdad

(sin magia, pero con mucha técnica)

Desde abajo parece que el botafumeiro “se lanza solo”. La realidad es mucho más prosaica y, a la vez, más interesante.

Los protagonistas son los tiraboleiros

  • Tradicionalmente eran canónigos y sacristanes; hoy es un equipo de ocho laicos entrenados.
  • Se colocan en círculo, tiran y aflojan de la cuerda de forma sincronizada en cada pasada del botafumeiro.
  • Aprovechan el propio movimiento pendular para ir ampliando el arco, como quien empuja un columpio… pero con mucha más responsabilidad.

El sistema actual se apoya en una instalación diseñada a comienzos del siglo XVII: 

  • Una polea y estructura metálica colocada en el cimborrio por el maestro herrero Juan Bautista Celma (1604).
  • Una cuerda de gran diámetro (hoy de materiales modernos) que pasa por la polea y llega al crucero, donde trabajan los tiraboleiros.

Cuando el botafumeiro alcanza la amplitud máxima, sube hasta cerca de las bóvedas laterales y pasa a pocos metros por encima de las cabezas de la gente situada en primera fila del crucero.

¿Peligroso? Potencialmente, sí.

  • Hay noticias de accidentes históricos serios: en 1499 el incensario salió despedido hacia la puerta de Praterías, y en 1622 cayó en el suelo del crucero. Más recientemente se han registrado algún susto con heridos leves. 
  • Hoy se revisan la instalación y la cuerda con mucho más control que en siglos pasados, precisamente porque no es un juego.

 

4. Cuándo se mueve (y por qué no siempre lo ves)

Gran malentendido moderno:

“Voy a la misa del peregrino y veré el botafumeiro sí o sí.”

Pues no.

Algunos puntos claros: 

  • El botafumeiro no se utiliza en todas las misas.
  • Hay un calendario de solemnidades y fiestas en las que tradicionalmente se usa:
    Epifanía, Pascua, Ascensión, Pentecostés, la fiesta de Santiago (25 de julio), la Asunción (15 de agosto), Todos los Santos (1 de noviembre), Cristo Rey…
  • Además, puede utilizarse en otras celebraciones especiales (grupos, aniversarios, encuentros), siempre con autorización de la Catedral y, a menudo, con una colaboración económica que ayuda a sufragar mantenimiento y seguros.

Conclusión pragmática:

  • Si te hace especial ilusión verlo en movimiento, conviene informarte con antelación en la web oficial de la Catedral o en la Oficina del Peregrino, sabiendo que puede haber cambios de última hora.
  • Y si no te toca, respira hondo: la misa del peregrino sigue siendo misa del peregrino, con o sin péndulo gigante.

 

5. Mitos típicos y cómo mirarlos con un poco de retranca

Repasemos algunos tópicos frecuentes.

1) “Está pensado para el olor de los peregrinos”

  • Parcialmente cierto: en una nave llena de gente sin ducha diaria, el incienso se agradece.
  • Pero reducirlo a “ambientador gigante” es olvidarse de toda su carga litúrgica y simbólica.

2) “Lo ponen porque sí, como espectáculo”

  • No: siempre se enmarca en una celebración litúrgica concreta, nunca como show suelto.
  • Que tenga impacto visual no lo convierte en circo. Diríamos en gallego: “fai bonito… pero non é un circo”.

3) “Si pago, me lo ponen”

  • Grupos y entidades pueden colaborar económicamente y solicitar que se utilice en una misa.
  • Pero la decisión final es siempre de la Catedral; no existe una “tarifa automática”. No es un parque temático.

4) “Es el mismo botafumeiro de siempre desde la Edad Media”

  • No. El concepto es antiguo, pero el objeto ha cambiado:
    • hubo modelos previos, incluido uno de plata robado en 1809,
    • y el actual es del siglo XIX, de latón plateado, restaurado varias veces desde entonces. 

 

6. Y al peregrino de hoy… ¿qué le aporta?

Si estás en la nave, el órgano calla, la cuerda cruje y la gente levanta la vista, puede ayudarte recordar tres cosas:

  1. Estás dentro de una tradición larga
    • Antes que tú, caballeros, campesinos, soldados, estudiantes, reyes y gente anónima se han quedado boquiabiertos con ese mismo movimiento.
    • No eres el primero que mezcla emoción estética, fe (o pura curiosidad) y un poco de miedo escénico.
  2. Es una coreografía de confianza
    • Los tiraboleiros confían en la cuerda, la polea, sus brazos y los cálculos.
    • Tú confías en que todo está bien hecho.
    • Bajo una masa de metal que pasa muy cerca de tu cabeza hay una lección silenciosa sobre confianza compartida.
  3. Es un ajuste de proporciones
    • Durante unos segundos, tus preocupaciones de oficina, tus correos pendientes o tus dramas de mochila se reducen a ruido de fondo.
    • Toda tu atención está en algo más grande: piedra, humo, altura, riesgo, belleza.

Cuando salgas de la Catedral, alguien te preguntará:

—¿Viste el botafumeiro?

Y tú podrás responder algo más que “sí, eso que se mueve mucho”:

Sabrás que detrás de ese péndulo de humo hay liturgia, física, historia, accidentes, restauraciones, y una buena dosis de retranca compostelana que lleva siglos echando humo… y haciendo que la gente levante la cabeza.

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